jueves, 16 de abril de 2020

Lo más parecido a gritar tu nombre y confesar lo que siento




Vuelvo al vicio de manchar el folio
dedicándote unas líneas,
sin saber aún ni qué opinas tú
de la poesía,
si a tu pecho se le clavan versos
sin la compañía de los acordes,
si has caído alguna vez
en la tentación de un poema.

Si tus deseos prefieres conquistarlos
poco a poco,
como quién desvela un acertijo,
que te abran de inmediato
la barra libre de los excesos,
si más bien te encandila
que te derritan despacio,
o ese un poco de todo
que invita a bailar
al equilibrio en una historia.

No sé si tus labios saben a hogar,
a fortuito tropezón en la playa,
a canción improvisada,
o a quedarse sin calificativos.

Ni idea de si muerdes, si lames,
arañas, o acaricias,
ni cuántos besos te caben entre los lunares,
ni si me cabe tu nombre contigo dentro
sin que diluvie.

Si empapadas las sábanas
te puede el sueño o la risa,
si te da por el humo,
por volver a la carga
o arrancas por bulerías,
no sé.

Aunque sé
que todo, todo, lo que sí sé de ti,
lo que atisbo en tus ojos,
en tu tono, en tus gestos,
en ese sinfín de etcéteras
para los que aún ni inventaron adjetivos,
todo,
me mantiene insomne escribiendo
sobre esta irrefrenable
curiosidad por conocer el resto.

Solo me falta
uno de estos días,
dejar escapar junto a mi proposición tu nombre,
saber acercarme sin ocultar mis intenciones,
y quien sabe si tal vez
saciar mi curiosidad.

miércoles, 1 de abril de 2020

Versos entre paredes

Aplaudan,
como quienes asisten al espectáculo
del fin del mundo.

Aplaudan,
por los ayer olvidados
que pedían a la sociedad auxilio
para auxiliarnos a nosotros.

Aplaudan
con sus palmas vacías
a todas las mentes exiliadas
que hoy volcarán sus expertas manos
en el país que los cobija
y no en el que los alumbró
para luego negarles el pan.

Aplaudan, señalen,
y acumulen reservas de miedo
suficientes para volcarlas contra todo el que ose
pasar a la vista de vuestro balcón.

Hostiguen desde sus ventanas
en defensa de los ancianos y vulnerables del país,
mientras os hacéis con su papel higiénico
para hacer sentadillas,
y así mantener la línea,
la línea del egoísmo
de la que pendíamos antes,
la misma de ahora,
y pasará esto, como todo pasa,
y no habremos aprendido nada.

Sigan aplaudiendo a su hora,
sigan borregos en sus rediles balando,
cuando les dejen salir al pasto de nuevo
cesarán balidos y aplausos,
y serán más los desvalidos
que los que hayan recapacitado.