Ella abre los ojos aferrándose aun por breves instantes a la libertad que le
evocan sus sueños.
Automáticamente abre el cajón de los miedos y se cuelga uno; en tonos pasados, atado bien
con un nudo presente y poco ceñido a la altura del futuro. Al levantarse se peinará de duda y perfilará sus ojos de indecisión.
Nadie la enseñó a razonar consigo misma, creció casi sin percatarse de su existencia terrenal, dedicada a la contemplación y a evadirse de la realidad, ahora mantenerse en ella pesa como caminar con zapatos de acero por superficies imantadas. Los pies dolían en el suelo y su cabeza volaba hacia las estrellas.
A cada paso que da, ha de exigirse volver a la Tierra, e incapaz de hacerse caso se da un tirón mental de orejas.
Le pesa ser su propia madre sin haber aprendido a ser hija, sin saber si perdonarse o castigarse, si deleitarse o exigirse, si valorarse o potenciarse...
Cual de entre las infinitas reflexiones planteables es la idónea aquí y ahora. Como dice la canción si eliges no decidir igualmente estás tomando una decisión, qué encerrona del destino.
El problema de a quien nunca se le permitió tener voz, es que al verse a solas se oye con las voces de todos los demás y ante todas ellas se excusa y se rebela.
Por suerte algunas voces más tardías son de carácter positivas, haciéndole a veces brillar magia en sus los ojos y desnudar la sonrisa, pero al comprenderlas a todas extintas en la lejanía, pasan a ser más kilos de acero, dificultando más aun eso de caminar por el suelo.
Apoya los brazos y cabeza sobre la arena pretendiendo un triángulo, intentando alzar los pies por el aire,
y no sentir más su pesadez y dando un fuerte impulso imagina que ha vuelto al mundo del revés… que instante tan sublime girarse en el aire como si la gravedad no exitiese,
qué impacto al caer y sentirse de nuevo cada ápice de su cuerpo como si existiera otra vez.
Desde luego era más acertado que el haberse enfundado en aquellos guantes de boxeo y romperse el tabique nasal por un mes…
Qué ironía que los golpes fueran el inicial motivo de evadirse y ahora servían para atraerla a la realidad.
Pero y qué fue del deseo, aquel placer tan sano que hacía desbordar la serotonina y enfocar la atención,
aquella fuerza rozando a divina que hacía por sus venas recorrer la arenalina y acelerar el corazón.
Quedaron resquicios deperdigados en imágenes que naufragan en la noche de sueño en sueño,
que amaecen entre las sábanas fingiendo ser recuerdos…
Quizás si consigue permanecer el tiempo suficiente sujetando la tierra con las manos y los pies hacia el cielo logre de verdad volcar el universo, tornar la tortilla a su gusto, pero en su búsqueda eterna y su siempre seguir intentando, déjala liberarse un momento, deja que siga soñando ...
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