Si el paraíso no se funde en tus labios,
si no llama la piel al roce,
si una mirada no enciende otra mirada...
Podré amar entonces tus palabras,
podré apreciar un abrazo
podré estrecharte entre los míos.
Pero no podré saciar
el agonizante delirio.
Aunque susurres paz
tan dulcemente en mis oídos ...
Hay algo más que necesito
y no se si alcanzaría a nombrarlo,
a sostenerlo entre mis manos
o si es quizá un ideal intangible,
tan solo parte de un engaño.
Pero quién pudiera resistirse
al placer de siquiera intentarlo.
Y erré al decir que no aspiro a quemarme,
lo comprendí junto al mar
rogando un rayo de Sol.
Al recordar que en las noches de más frío
calentarte no puede otro cuerpo
sino el placer de encenderlo
hasta prenderos de pasión.
Y aunque estas reflexiones rayen la locura,
quien conoce a un lobo
que no se ausente de la manada
por cantarle a su inalcanzable Luna.
Y consumirse consumando
sea quizás parte del error,
pero que falta tan deliciosa
y que dispuesta a equivocarme yo ...
A perderme sola en el infierno
con tal de llegar a sus adentros.
Y quizás me arrepienta mañana,
al reencontrarme con los escombros de mi desolación
Y vuelva a implorar que este alma incompleta
se alivie al candor de la humilde atención.
Mas quien roza el cielo
con la punta de los dedos,
prefiere vivir de puntillas
esperando de nuevo la ocasión,
A entrar en razón
y contentarse con la Tierra
aun sabiendo que a esta se aferra,
y que de ella brotan seguridad y amor.
Y rechazarla por una quimera,
por una incógnita con dimensiones de estrella,
por que estalle otra vez en mi pecho un Big Bang,
por resurgir del arder...
Porque sólo enloqueciendo
se llega a desenloquecer ...
Abril 2014, Benalmádena.

